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La mejor lección de mi vida

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Siempre estamos creciendo, no sólo me refiero físicamente, si no como personas. Vamos adquiriendo conocimientos en nuestra vida académica y laboral, que en parte, son impuestos para asegurarnos un estado mínimo de bienestar. Aprendemos a relacionarnos con otras personas de un modo u otro para ocupar una posición en la sociedad como si de un nuevo mecanismo de supervivencia se tratara. Mi abuelo me enseñó a realizar divisiones, que más me sirvió sus ganas de ayudar, que aprender esa operación matemática para un momento puntual, pero esa tampoco fue la mayor lección que pude aprender.

Todo comienza a la edad de 11 años cuando llegué a casa después de estar todo el día en la calle con los amigos. Pronto comprendí que algo sucedía por la mirada expectante de mis padres, me condujeron a la cocina que estaba formada por una pequeña terraza con su armario para guardar trastos y la salida de humo de la campana extractora, pero en aquella ocasión contenía algo más, algo que hacía un ruido molesto y había ensuciado el cristal de la puerta, algo que no dejaba de saltar al verme. Enseguida corrí a abrir la puerta y no se quién se abalanzó primero sobre el otro, si el pequeño cachorro o yo. Estuve enredando todo lo que pude con él, hasta me levante en mitad de la noche para ir a verlo, estaba emocionado, para mí significaba alguien más en la familia que teníamos que cuidar.

Rápidamente fui consciente de toda las responsabilidad que conlleva tener un perro, al principio se meaba por todas partes y según crecíamos había que levantarse por la mañana temprano antes de ir al instituto para sacarle, también había que enseñarle algunas cosas como cuáles eran sus sitios para comer y dormir, a estar con otros perros y muchas cosas más como limpiar todo bien de pelos. También teníamos que estar pendientes de las vacunas. Los viajes en coche se hacían más largos con los ladridos y con las paradas, para colmo en muchos sitios no admiten animales (hoteles, playas, etc.).

Día tras día, existía una serie de tareas que tenía que realizar, pero a pesar de todas aquellas pequeñas cosas me hacía feliz pensar que cuando llegaba a casa había alguien siempre detrás de la puerta esperando para recibirme, alguien que se acurrucaba a mi lado cuando me notaba más triste, pero no sólo eso, también me di cuenta de la compañía que le hacía a mi madre cuando mi padre se iba a trabajar.

Con el tiempo, el pelo de su hocico se fue volviendo canoso. Le costaba cada vez más trepar a los sitios y se cansaba cada vez más pronto. Empecé a pensar que su vida era más corta que la de un ser humano y ese sentimiento me invadía cada vez que se fatigaba. Aprovechaba todo el tiempo cuando estaba con él, siempre se mostraba alegre a pesar de su edad, parecía que no era consciente como nosotros. Un día lo encontramos tumbado en el suelo, le costaba respirar y apenas tenía fuerza para levantar la cabeza, sabíamos que había llegado su hora y sorprendentemente mi madre tuvo la decisión de llevarlo al veterinario para sacrificarlo.

Estuve con él hasta que su corazón dejó de latir, lloré como una magdalena, nunca había sentido la pérdida de un ser como aquel día. Cuando llegamos a casa la encontramos más vacía, sin alegría, los días siguientes se hacían raros sin que algo te persiguiera por la casa cuando te levantabas por la mañana temprano.

Aquel pequeño ser cambio la forma con las que veía las cosas, me hizo respetar al resto de animales, me hizo más tolerante con el resto de persona y me dio más seguridad en mí mismo, me enseñó lo que es tener una responsabilidad, pero lo que realmente aprendí, es que la vida es efímera y que lo que importa es ser feliz con tus seres queridos, disfrutar de ellos porque son únicos y cuidarlos por todo lo que te han dado.

El Pase Extra: Toda mascota conlleva una gran responsabilidad como diría el tío de Peter Parker (Spiderman). No es un capricho que podamos  deshacernos de él en cualquier momento, a muchas personas no les gustan los animales por lo que deberás respetarlas y cumplir una serie de normas cívicas que existen. Nos fijamos muchas veces en aquellos que abandonan a sus mascotas sin darnos cuentas de todos aquellos que dejan que se reproduzcan sin control.

Categoria: Curiosidad Etiquetas: curiosidad, mascota, amistad, lección, aprender, vida.

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